jueves, 2 de abril de 2026

    “El Bice puede generar sorpresas en la conformación de nuevos negocios”

    Desde junio de 2002, Arnaldo Bocco preside el Banco de Inversión y Comercio Exterior (Bice), entidad que, desde su creación en 1992, opera en el mercado financiero como banco de segundo grado que canaliza sus operaciones mediante la banca comercial. La totalidad de su paquete accionario está en poder del Ministerio de Economía y del Banco de la Nación Argentina.
    Hasta entonces, el economista se había desempeñado al frente de la Corporación Buenos Aires Sur, un ente creado para promover el desarrollo económico de la zona sur de la capital federal. Pero, a poco menos de dos meses de la llegada de Roberto Lavagna al Ministerio de Economía, Bocco fue convocado por el gobierno nacional encabezado por Eduardo Duhalde, para conducir el banco que apunta a fomentar la inversión productiva y el comercio exterior de empresas argentinas.

    ­Cuando usted llegó al Bice, las crisis económica y financiera argentinas estaban en su apogeo. Ahora, con un horizonte diferente de entonces, ¿cómo diría que este banco ha superado aquel vendaval?

    ­El Bice es un banco de segundo piso y, aunque fue afectado por la crisis, las consecuencias de ese impacto han sido menores que las del promedio del sistema. Cuando nos hicimos cargo de la conducción, en el epicentro del huracán financiero, el Bice operaba con 44 bancos. Y, aunque las difíciles situaciones por las que atravesaron algunas instituciones nos afectaron, de a poco hemos firmado todos los contratos de refinanciación de las deudas y estamos prácticamente al día, con mínimas consecuencias para nuestro funcionamiento. Del total de entidades con las que operábamos, sólo seguimos negociando la deuda con una de ellas. Además, en medio de la crisis, establecimos una estrategia de negocios, un cambio en el perfil. Hicimos un brutal esfuerzo para poner en marcha varias iniciativas; fideicomisos, por ejemplo. Por otro lado, cambiamos el estatuto de la entidad para que, como banco de segundo grado, pudiera prestar a las empresas sin necesidad de acudir a otras instituciones financieras como intermediarias.

    ­¿Cuáles son, a su entender, las acciones que caracterizan a esta gestión?
    ­Por un lado, la especialización en comercio exterior e inversiones. Comercio exterior significa tener las mejores líneas para financiar, con los plazos más largos posibles, a medianas empresas argentinas que están ganando mercados internacionales cada vez con más fuerza. El otro elemento importante en materia comercial es que tenemos líneas de inversión a cinco o seis años, con uno de gracia, con lo cual ayudamos a seguir creciendo a partir de nuevas inversiones a las empresas exportadoras o a aquellas que sustituyen importaciones y alcanzaron su techo. En definitiva, estamos convirtiendo al Bice en una banca de inversión. Esto significa tomar grandes proyectos y salir a buscar la organización de la ingeniería financiera, es decir, los mecanismos para articular la conjunción de distintos actores que aporten el financiamiento para materializar ese gran proyecto, como el tren trans-andino central o el Belgrano cargas. Hablamos de proyectos que van de los US$ 30 millones a más de US$ 250 millones, porque los hay de todo tipo. Como banco público, de inversión y comercio exterior, no podemos dejar de involucrarnos en ese tipo de emprendimientos, aunque ello implique tener que competir con bancos internacionales.

    ­¿Cómo se articula el Bice con el resto de la banca pública?
    ­Nosotros somos especialistas en comercio exterior e inversión. Creo que la banca pública ­como el Banco Nación, el Provincia y el Ciudad­ debería especializarse mínimamente en estos segmentos y dar batalla en un proceso de rebancarización de individuos, porque las probabilidades de ganar mucho dinero en un proceso de banca transaccional, de consumo, de financiamiento de familias y de pequeñas empresas, son gigantes. En la Argentina hay 1,2 millón de Pymes y casi la mitad no tiene cuenta bancaria. Nosotros no vamos a abrir cuentas, sino que vamos a especializarnos.

    ­¿Compiten con la banca privada, entonces?
    ­No. Yo creo que hay espacios para todo el mundo en comercio exterior y en inversión. En ocasiones, parece que la banca privada es un poco remolona en salir a prestar, tiene demasiados temores, confía poco en la solvencia y solidez del modelo económico. Pero esta economía llegó para quedarse. A veces, los banqueros pierden plata porque no están entendiendo la economía real. Cuando la entiendan, los bancos van a volver a ganar dinero.

    ­¿Cuáles son, a su criterio, las perspectivas para los bancos argentinos en el mercado de capitales?
    ­Las AFJP deberían jugar un papel importante, volcando recursos en el mediano plazo en proyectos que están consolidados en la Argentina. El caso del gas, por ejemplo. Y no me refiero al tendido de redes, sino a la difusión masiva de los tendidos en ciudades pequeñas, donde las posibilidades de financiar a cuatro o cinco años son extraordinariamente interesantes.

    ­¿Por qué las empresas no están tomando créditos bancarios?
    ­Porque muchas se están autofinanciando con recursos propios, y otras con lo que dejaron en el colchón. Pero pronto va a volver el crédito. Considero que el Banco Central debería flexibilizar las condiciones, al menos por dos o tres años, para aquellas empresas que tienen oportunidades. Sería conveniente separar lo que es la historia de la empresa, de sus negocios en adelante y, de esa manera, generar un mecanismo de financiamiento de la morosidad que no las inhiba para tomar financiamiento cuando tengan negocios a futuro.

    ­De cara a los próximos cinco años, ¿cuáles son los planes para el Bice?
    ­Profundizar el proceso de especialización, atender un importante número de Pymes que se distingan por la exportación y la creación de empleo de calidad. Además, veo al Bice como a un banco que puede generar sorpresas en la conformación de nuevos negocios en la Argentina. En lo que se refiere al Mercosur, estamos conversando con otros bancos para conformar fondos regionales, de manera que entidades multilaterales puedan apostar a proyectos para que las empresas argentinas ­y no necesariamente las grandes­ se hagan transnacionales.

    ­¿Cuál es su visión del sistema financiero argentino?
    ­Creo que es bastante amplio y completo, con recursos humanos muy valiosos. Lo que está fallando es el mercado de capitales. Lamentablemente, ese papel deberían desempeñarlo las AFJP, pero en lugar de hacer eso, juegan como mesas de dinero. En Chile, aunque la economía puede ser más estable, el presidente de una AFJP está pensando en cómo invierte en negocios a cinco, seis u ocho años. Sin embargo, en la Argentina hay empresas que venden alrededor de US$ 30 millones y exportan cerca de 95%, pero a ninguna AFJP se le ocurriría invertir en ellas. El horizonte de largo plazo de los administradores de las AFJP en el país es de 72 horas. Y éste es un problema serio.

    ­¿Está de acuerdo con que las instituciones financieras se desprendan de las AFJP?
    ­Estoy de acuerdo con que las AFJP cumplan con la ley que las regula y que están violando. Ya ni tienen auditorías propias, porque las fusionaron con las de los bancos. Eso crea una fuerte inseguridad jurídica por parte del sector privado hacia afuera. Aquí hubo un banquero que estuvo preso cinco años en Estados Unidos. Cuando regresó, le preguntaron el motivo: Por hacer las cosas que en la Argentina hacía todos los días cuando abría el banco, contestó. Si es así como se protege el propio sector privado, los inversores externos de alta calidad no vendrán a la Argentina. Y no por lo que haga el Estado, sino porque el sector privado hace cosas que en otros lugares son un delito.